Material didáctico musicales

La importancia del arte en la educación del preescolar

La formación artística es una parte fundamental del desarrollo de cualquier ser humano. Como educadoras, sabemos que el arte es importante en cada etapa de la vida de las personas, pero conocemos su relevancia especial cuando se trata del proceso de aprendizaje en niños preescolares.

El juego y el arte están estrechamente vinculados. De hecho, podríamos decir que todas las formas de arte son un juego muy elaborado y con reglas muy complejas en los cuales el elemento a usar son los sonidos, las palabras, el cuerpo, las imágenes, etc. Estos ambientes de expresión semi estructurados, permiten que el niño comience a desarrollar las herramientas cognitivas que posteriormente le permitirán interpretar al mundo en un nivel abstracto, que ejercite sus habilidades sensitivas y motrices, que desarrolle sensibilidad emocional asertiva y por supuesto, que proyecte y encuentre su personalidad única e irrepetible.

Cuando el niño supera los tres años, y hasta más o menos los seis, entra en la etapa en la que vinculará el arte y el juego en su universo simbólico.  A esa edad, el niño aún no desarrolla pensamiento científico, pero eso no significa que no esté comenzando ya a crear una imagen bastante completa de su realidad a partir de lo que sí tiene: pensamiento artístico y lúdico.

La pintura, la música,  la literatura en forma de narrativa oral,  las formas que puede moldear con diversos materiales,  el teatro y  la danza, entre otros,  le enseñarán que existen actividades que, sin tener un propósito secundario, pueden brindar felicidad por sí mismas. Esto ayuda a construir un sentido de individualidad pues aprenden a conocerse a partir de sus preferencias particulares.

Habilidades artísticas con las que debe contar una educadora preescolar

El juego y el arte, juntos, son actividades primarias en el salón de clases del preescolar, no sólo en su recreo. Es importante que la educadora  preescolar cuente con educación e inclinación artística significativa, de tal manera que pueda contagiar a sus alumnos el entusiasmo por las actividades de este tipo a partir de dinámicas que al mismo tiempo les hagan desarrollar habilidades y capten su interés.

La educadora de jardín de niños  debe poder vincular el arte con la emocionalidad; permitir y provocar que sus alumnos se conmuevan, se emocionen, se sientan expectantes, asustados, tristes, felices o identificados con los elementos y personajes intrínsecos de la expresión artística. Además,  y aunque la apreciación estética tiende a ser un ejercicio de carácter individual, las experiencias y emociones qué esta conlleva en los párvulos puede ser una gran oportunidad para que compartan sus impresiones entre ellos y desarrollen habilidades sociales importantes, como la empatía, el respeto, la curiosidad y la apertura hacia la emocionalidad de los demás.

Las educadoras de niños en edad preescolar deben ser capaces de implementar en un grupo juegos de complejidad creciente y desarrollo del sentido de la estética,  para que los niños ejerciten su capacidad de abstracción y apreciación, y que les permitan expresarse creativamente proyectando su personalidad en objetos exteriores

En lo que respecta al arte, el papel de la educadora pasa de ser el de una guía a ser el de una facilitadora. Los niños de edad preescolar responden a dinámicas rígidas a partir de un mecanismo de mimetismo que no les conlleva un aprendizaje significativo. Por ejemplo,  hacer que un grupo interprete una obra de teatro preexistente, será mucho menos nutritivo para su expresión individual y grupal que permitirle crear sus propia historia, con sus propios personajes, intereses y desenlaces. Así, la educadora preescolar se convierte en la facilitadora de todos los elementos que un grupo necesita para descubrir sus potencialidades artísticas a su propio ritmo y conforme a sus propias inclinaciones.

Para poder lograr este fin, a simple vista sencillo, pero en lo práctico bastante complicado, la educadora debe contar, además de con una gran capacidad de control de grupo,  con  ciertas habilidades artísticas para poderlas transmitir a sus alumnos. La técnica sencilla del dibujo, las bases del solfeo, los elementos básicos de las artes visuales, de la danza, de la oratoria, del ritmo, de la creación de historias, y cualquier tipo de herramienta cognoscitiva que pueda ayudarla a motivar a sus alumnos a explorar todo tipo de actividades lúdicas o artísticas, son habilidades imprescindibles de quien tiene a su cargo un grupo de preescolares.

Los docentes de jardín de niños crean historias, bailan espontáneamente, hacen escenografías, usan todo su cuerpo para expresarse, crean con materiales, formas y texturas diversas, cantan y disfrutan el arte en la misma medida que desean que sus alumnos lo hagan.

Objetivos de la educación artística en el preescolar

El aprendizaje artístico no puede estar mediado por un programa curricular inflexible, menos en el preescolar, de otro modo, éste se limitaría a copiar y replicar comportamientos que para él son igual de mecánicos que la repetición de las letras del alfabeto. Para aprehender la realidad significativa del arte, el preescolar debe poder buscarla por sí mismo, rodeado de un ambiente con los elementos pedagógicos necesarios para motivar su creatividad y su curiosidad.

El arte debe de ser una actividad placentera, lúdica y constructiva,  que lleve al niño a adquirir todo tipo de habilidades, desde las manuales, hasta las sociales, pasando por las matemáticas y lógicas, en un contexto autónomo y libre de presiones. El objetivo de la educación artística en el niño preescolar de ningún modo puede ser llenar una tabla prediseñada de “competencias” que no pueden tener una connotación absolutamente objetiva,  sino crear seres humanos integrales  y con más herramientas intrínsecas para alcanzar la satisfacción consigo mismos a partir del arte y del juego.

Todo lo anterior convierte el trabajo de una maestra de preescolar en una tarea titánica que exige crear un equilibro bastante difícil de alcanzar entre guiar y dejar ser, fomentar sin interferir, interesar sin controlar, obteniendo experiencias de aprendizaje significativas.

El ambiente ideal para el desarrollo artístico en el preescolar

Los ambientes pedagógicos integrales son los más propicios –por no decir los únicos− ambientes en los que un niño tiene verdaderamente la posibilidad de explorar a temprana edad todas las posibilidades artísticas y lúdicas de su ser. Los materiales didácticos del aula deben ser variados adecuados y numerosos, de tal forma que cada rincón del aula detone algún área de interés o de aprendizaje en el preescolar.

El material didáctico disponible en el salón debe ser sencillo de manipular, pero no por ello restringido a crayones. Instrumentos musicales como un xilófono o un pandero ayudarán enormemente a desarrollar  el oído y el sentido del ritmo. Juegos versátiles con palabras apuntalarán una construcción del lenguaje amena y disfrutable.  Materiales con colores y cubos de construcción, además de ser muy atractivos para el párvulo, potencializan su capacidad de apreciación estética, espacial y constructiva, e incluso juegos de representación les permiten montar mini escenas, situaciones u obras de teatro a escala, mientras aprenden sobre sociedad, roles y continuidad temporal.

Podemos concluir, pues, que el desarrollo artístico y lúdico no es opcional cuando hablamos de una educación integral, a la que todos los niños tienen derecho. Y para lograrlo, la educadora preescolar debe contar con las habilidades y los materiales didácticos que conviertan su aula en un espacio verdaderamente lleno de oportunidades para el arte y el juego.

Leave a Reply